26 ago. 2011

EL ORIGEN DEL SIGNIFICADO DE LOS COLORES

En el principio la vida del hombre era regulada por dos factores, fuera de su dominio: la noche y el día, la oscuridad y la luz. La noche determinaba un ambiente en el cual las acciones debían cesar, y el hombre se refugiaba en su caverna, se envolvía en su piel, para dormir en espera del alba. El día representaba un ambiente en el cual era posible hacer sus actividades. La noche llevaba pasividad, inmovilidad y, en general, una transformación del metabolismo en una reducción de la secreción hormonal; el día lleva consigo la posibilidad de la acción, un aumento del metabolismo e de las secreciones endocrinas, proporcionando, así, energía y estimulo.
Los colores asociados con estos dos ambientes son el azul oscuro del cielo nocturno y el amarillo encendido de la luz del día.
El azul oscuro es por tanto el color de la quietud y de la pasividad, el amarillo el color de la esperanza y de la actividad; y estos colores representan la noche y el día, no dominados por el hombre, son definidos “heteronomíos”, es decir  colores que plantean un control del exterior. La noche (azul oscuro) impone a cesar la actividad y fuerza al reposo; el día (amarillo luciente) permite la actividad y la estimula.

Para el hombre primitivo, también, la actividad tiene dos formas -un segundo que el este cazando o atacando o que está en actitud de defensa-: actividad directa hacia la conquista y la posesión o hacia la conservación de sí mismo. La acción del ataque y de la conquista  es universalmente representada por el color rojo, la defensa por su complementario el verde. Tales colore se definen “autónomos” en cuanto es el ataque –rojo- y la defensa –verde- son acciones controladas por el hombre.

Azul, amarillo, rojo, verde son de hecho los colores base y constituyen psicológicamente los colores primarios.       
A. Corpaci