13 oct. 2010

LA LUZ DEL ICONO: anticipacion del Reino de los cielos.



“La Palabra era la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.
Jn 1, 9

El concepto de “Luz” es el primer principio teológico que debemos establecer, y nos referimos concretamente a la “Luz del Tabor”. Pues este concepto tiene importancia para comprender esta dimensión escatológica del icono. Un iconografo inicia su ministerio realizando el icono de la Transfiguración del Señor (Lc 9, 28-36), que lo hace testigo palpable de tal contemplación para poder escribirla-pintarla. Este artista que llamaremos teólogo, imita de manera especial el “acto creativo” de Dios: “En “un inicio” creo Dios” (Gn 1, 1). La primera cosa que Dios crea es la “Luz” y que al ver su bondad la separa de las tinieblas (cf. Gn 1, 3-4). El teólogo lo primero que escribe, es la experiencia de la Luz de la transfiguración, que ha conseguido “subiendo a la montaña a orar con Jesús”. Esta experiencia, que es interior y exterior, es de una total transparencia y se llama amor (ágape): es la luz mas fuerte donde no entran las tinieblas, y que nos lleva a comprender que somos creados, pero no de este mundo.

El teólogo, junto con Pedro y los discípulos son los testigos vigilantes, contemplaron a Jesús en el resplandor de su Gloria “y vieron su gloria” (Lc 9, 32b). El teólogo es testigo al escribir a Jesús en el resplandor de su gloria. La carta a los hebreos dice de Cristo “el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia”. (Hb 1, 3a) es “Resplandor” e “Impronta del Ser” del Padre. Dos características importantes en Cristo que el teólogo escribe-crea en la “tavola” para mostrarnos la “persona” transfigurada, y alentarnos en nuestro peregrinar hacia nuestra propia transfiguración; que alcanzaremos en la cruz misma como la prueba más grande del amor, de la luz (cf. Jn 4, 9-10).

San Juan nos dice de Dios “porque Dios es Amor” (1Jn 4, 8b) “es Amor”, y “Dios es Luz” (1Jn 1, 5) “es Luz”. De Cristo afirma “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9a), es “la Luz verdadera que ilumina a todo hombre”. Esta “Luz” es el “resplandor” de la Gloria de la fuente del amor (ágape) mismo, representada en los iconos con el dorado, símbolo de lo divino. Y este resplandor que proviene de a Luz-Cristo-, es el Espíritu Santo, que va a ser la contemplación misma, la “gracia” que recibimos en el bautismo, la puerta de inicio hacia nuestra “divinización”. Que no supone una transformación de la naturaleza humana, sino que somos unidos a la “esencia divina” mediante la gracia y las virtudes. El teólogo nos invita a actuar y vivir como Cristo, en quien nuestra humanidad va a ser divinizada.

Esta Luz que el teólogo (el iconografo) escribe es Dios. Para la iglesia de oriente, en su fuente misma; es una confesión de fe en Dios Trino. Como ya afirmamos: la fuente del amor –Dios Padre-, es Luz -Dios Hijo-, que resplandece –Dios Espíritu santo -, su Gloria. La luz en el icono es confesión de fe que nos invita a la doxología y a confirmar nuestra esperanza en la resurrección de la carne y en la vida futura: es el “Credo”. El icono es así una , algo difícil e incomprensible para nuestra cultura occidental que no conoce esta experiencia interior de la Luz.

Este primer principio nos hace comprender la importancia tan grande que tiene la veneración del icono en la iglesia de oriente; y la misión tan grande del teólogo que escribe un icono al representar esta espiritualizada en la Persona representada. San Pablo, aunque no se sabe si conoció alguna imagen pintada-escrita nos invita a buscar el camino que resplandece la gloria de Dios en el rostro de Cristo cf. 2 Cor 4, 6. Claro que se refiere como revelador de Dios; nos habla desde su experiencia mística en el camino de Damasco donde identifica a Cristo como cf. Hch 9, 3. San Pablo nos muestra la meta de la veneración del prototipo en el icono: El encuentro místico con Cristo, que hace posible el conocimiento de Dios, cf 2 Cor 3, 18. Esa transformación indica la transfiguración en imagen de Dios, que iniciamos en el bautismo por Cristo y en el Espíritu, que hace posible la comunicación del Señor hacia el cristiano y hacia el futuro escatológico: como dice Hans Urs Balthasar <el foco de luz soberana e inaccesible se sumerge en este hombre, sin dejar de ser lo que necesariamente es –Gloria en la alturas->.


P. Marco A. Morales